jueves, 12 de noviembre de 2009

El clásico marplatense fue para Peñarol

Fue un clásico como se esperaba, o sumergidos en el sentimiento del hincha, como todo clásico debe ser: vertiginoso, cambiante, ciclotímico, a puro nervio. Una coctelera de ansiedad, temor y desahogos -desazón para otros-. Una fiesta donde los protagonistas son múltiples, donde los actores no sólo respresentan sobre el terso parquet, sino que los protagonistas también pueblan con su grito otras tablas igualmente excitantes.

Ese cúmulo de sensaciones fue la foto del clásico marplatense entre Peñarol y Quilmes, dos históricos que dan vida al vocablo que evoca el enfrentamiento deportivo entre dos adversarios de antaño. Su historia y el cansino devenir del espacio temporal se complotan para que hoy sea posible.

Peñarol terminó llevándose todo a casa, un 75-68 que casi fue de Quilmes. ¿La diferencia? Fundamentalmente el oficio, la experiencia y cohesión de los milrayitas, que montaron una sequía sobre los lanzamientos de su rival durante casi 5 minutos, en los cuales dio vuelta una pequeña desventaja en el tramo final del encuentro con un contundente 9-0 . Los dirigidos por Sergio Hernández imprimieron en la cancha el sello de su entrenador que, con una calma zen, ajustó las piezas con un acierto admirable. La mesa servida y las pastas al dente.

Esteban De la Fuente, DT cervecero, perdió los estribos y se fue expulsado sobre el final, descontento con fallos arbitrales discutibles. Quilmes no pudo aprovechar los errores de Peñarol, y eso es un regalo muy preciado que un aspirante al título no desprecia.

Pasó otro clásico, marplatense él, en paz y armonía, con el goce de unos y las sensaciones encontradas de otros. Hasta la próxima.

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