lunes, 25 de enero de 2010

La soberbia que achica a Boca

El proceso "Carlos Bianchi, mánager de Boca" tocó su fin y el cargo creado por y para el director técnico más importante del club de la Ribera quedó vacante y sin postulante a la vista, en virtud de la muy mala experiencia a nivel deportivo desde la instauración de la figura allá por lo albores de 2009.

A lo largo del año que pasó, se sucedieron dos técnicos, cuatro torneos, la no clasificación a la Copa Libertadores 2010 y ninguna flor. Muy por el contrario, ni siquiera estuvo cerca de estar en la conversación para la lucha de algo. En el medio, crisis repetitivas, históricos peleados, un Riquelme con su "contrato gratis" que estuvo en la enfermería mucho más tiempo del que salió a la cancha y un mánager que no estuvo a la altura de las circunstancias.

Lo del Virrey nunca estuvo claro. A pesar de su altísima y polémica remuneración, sus responsabilidades fueron flexibles. Se desligó de ciertos temas desde el principio, como ser la negociación contractual con sus otrora dirigidos, ninguneó a la prensa cada vez que se le cruzó el micrófono, permitió los desplantes de Basile que le dio la espalda a la gente cuando se le exigía alguna explicación sobre la pobre campaña e imagen del equipo y hasta terminó dando declaraciones a regañadientes cuando se le preguntó por el futuro de Riquelme, Ibarra, Palermo, Abbondanzieri y Battaglia en la institución xeneize.

Tras la anunciada renuncia de Alfio Basile, quien fuera expresamente acercado por el ahora ex manager, Carlos Bianchi tuvo la oportunidad en sus manos de calzarse el buzo, pero su ego y la "siesta" a la que se encuentra abocado su rol de DT no dudaron en decir otra vez que no y voltearle la cara al club que más gloria le dio. De todas formas, ya lo dijo el presidente Amor Ameal que "en cualquier momento va a ser nuevamente técnico de Boca", ¿qué hubiera pasado si asumía en este difícil momento? ¿hubiera sido entendido como una traición hacia los DTs que pasaron? A la gente de Boca, la voz más importante, poco le hubiera importando y hasta hubieran entendido el gesto como un borrón y cuenta nueva, como un "Bianchi ahora le pone el pecho a las balas". Pero no. "No es el momento" sale a decir a los cuatro vientos esa soberbia que deja entrever cada vez que puede el multicampeón xeneize y se va como llegó a su función, con las manos vacías, sus bolsillos (más) llenos y considerándose el más importante de esta novela.

Así, Carlos Bianchi terminó de escribir el peor capítulo de su libro glorioso con un Boca que ahora queda bajo la batuta de Abel Alves para ver qué sale.

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