jueves, 19 de agosto de 2010

Borghi dixit

Compartimos el reportaje realizado por Christian Leblebidjian y Sebastián Torok publicado en Canchallena.com, donde el DT deja jugosas reflexiones, lejos de cualquier cassette y bien cerca del sentido común, con una sanísima y valorable sinceridad.

Claudio Borghi es consciente que esa franqueza que lo acompaña, ese intento permanente por desdramatizar los reveses, puede jugarle en contra. No hace mucho confesó que no le gustan las concentraciones y si hubiera sido otro el técnico en confesarlo, alguien con otro perfil...

"Sí..., lo sé. Soy tan simple que me da miedo. La simpleza a veces te complica más. En Chile había un técnico que no hablaba con la gente ni con el periodismo porque pensaba que le iban a sacar ideas y no podía entenderlo. Ojalá llegue el momento en que el futbolista no se concentre, hablaría bien de su profesionalismo. Si yo tengo una responsabilidad, debería cuidarme. Hay motivos por los que los jugadores se concentran: porque tienen chicos, viven solos, por si comen huevos fritos. A veces, con una rodilla inflamada jugás; con un hígado en mal estado, no", describe el hombre nacido en Castelar. A la par suya, Bichi tiene todo un grupo trabajando, lleva las estadísticas de los jugadores, muestra a LA NACION los DVD de los partidos de primera y reserva, más la filmación de la defensa... "Tenemos todo, pero no puedo salir a mostrárselo al mundo. Somos cinco personas mirando el partido, pero el peor ubicado soy yo, al ras del piso. Claro que después los resultados confirman o no lo que hacés".

-¿En la Argentina los ciclos se cumplen antes de tiempo?

-Se cumplen antes de comenzar, en algunos casos. Es increíble que la gente hable de proyectos, porque acá parece imposible tenerlos. Incluso en la vida: un tipo se proyecta tener a los 30 años su casa, un auto, estudiar..., pero es difícil lograr todo. Me da la sensación de que a todo el mundo le irrita algo. Debe pasar en todos los laburos, ¿no? Que un tipo sea desechable de un día para otro.

-¿Cómo notás las nuevas generaciones de jugadores?

-Ahí me siento viejo, porque digo "Todo tiempo pasado fue mejor", y algo no está bien. Han cambiado las generaciones periodísticas, futbolísticas, humanas... No son los mismos ustedes que los viejos del diario. También los jugadores han cambiado. Manejan una información distinta. Quizás estamos en una ciudad distinta y algunos prefieren ir a un shopping en vez de pasear. Lo que hay que medir como entrenador, que es un problema, es que tenés todas las edades. Si yo le digo a Palermo de ir a conocer el Zoológico me va a decir: "Gordo, dejate de hinchar las bolas". Entonces, acostumbro a preguntar qué prefieren hacer. Tuve un compañero que me decía: "¿Para qué querés ver las pirámides si son mentira?" Por suerte hay técnicos que te permiten cumplir las inquietudes. Estuve en Noruega y pude conocer una canoa vikinga, por ejemplo.

-Luego de vivir muchos años en Santiago, de Chile, ya llevás varios meses radicado en Buenos Aires. ¿Qué sensaciones te provoca?

Mirá, hoy es un día bastante especial porque iba con mi mujer por la avenida Córdoba y casi nos chocan tres veces; un colectivero estaba comiendo un alfajor y tiró los papeles por la ventanilla; como yo tengo una patente extranjera, me tocan bocina por cualquier boludez... Me dicen que Puerto Madero es más seguro que todo Buenos Aires, ¿pero por qué un tipo de ahí tiene más privilegios que el que vive del otro lado de la calle? Te roban a las tres de la mañana y te preguntan "¿Dónde estabas?" "En Belgrano", respondés, y te dicen "Nooo, estás loco". O a un tipo le quieren robar y le pegan tres tiros y es información de un solo día. En cambio, el sistema táctico de Boca se discute una semana. El gran problema es que ustedes, los que viven acá, se acostumbraron. A los que venimos de afuera nos cuesta mucho. No es normal estar encerrado a los ocho de la noche porque tenés un buen auto. Pero por otro lado, llegás a Buenos Aires y te encontrás con una ciudad hermosa desde lo cultural. Mi hija tiene 22 años y vive en Chile, pero es una enamorada de Buenos Aires porque va al teatro, a comer y se puede comprar un libro a las cuatro de la mañana. O se da cuenta de que es más fácil estudiar porque hay muchos lugares públicos. Eso te cautiva de Buenos Aires, pero podríamos estar un poco mejor.

-¿Te interesa la política?

-Sería injusto que hablara de política porque hace muchos años que no vivo acá. Sí me interesaba mucho cuando viví el proceso militar; si bien no me di cuenta, voté por primera vez después del golpe y me preocupé mucho porque no volviera a suceder algo así. En aquel momento voté a Alfonsín. Me inspiraba respeto y si bien no era de mi ideología, pensaba que podía conducir.

-Tras vivir de cerca el mandato de Michelle Bachelet en Chile, ¿cómo ves a Cristina Kirchner?

-Bachelet lo hizo muy bien, dejó un país mucho más ordenado que la Argentina. No soy peronista y de pronto alguno piensa que hablo con resentimiento, pero en la Argentina se ven más acusaciones que soluciones, de un partido al otro. Lo que hizo Bachelet es muy difícil de conseguir, se fue con un gran porcentaje de aceptación. Fue la primera presidenta mujer en Chile, que es un país más machista que la Argentina. Otra diferencia es que la izquierda en Chile es importante y en la Argentina casi no existe.

Borghi es frontal, sincero, no mide consecuencias. "Yo tuve mucho estrés. Anteriormente se manifestaba en la pérdida del pelo. Acá tengo un mechón blanco (se señala la parte delantera de la cabeza). Era feo porque me levantaba y en la almohada veía todo el pelo. La pasé mal. Yo sufro de jaqueca continua, ando siempre con pastillas para el dolor de cabeza; lo que sí, voy cambiando porque el cuerpo se acostumbra y no te hace efecto. Presión alta no tengo. Pero en un partido sí me subió y la comida me hizo muy mal. En un Huachipato-Colo Colo, en 2005 o 2006, habíamos comido mariscos y tuve que salir a vomitar en el partido.

Hay veces que mi forma de ser me trae complicaciones. Cuando me enojo, soy un tipo desagradable, me agarro a trompadas o no me importa donde estoy y largo una puteada. Me da mucha vergüenza después. A un tipo, yendo en el auto, lo quise matar porque me insultó por mi patente chilena. "Chileno de mierda, bajate de ese auto de traficante", me dijo. Me bajé y casi lo mato... No tengo medidas cuando me enojo. Además, tengo diagnosticada una miopía del ojo izquierdo desde los 16 años y nunca usé anteojos. No es que no veo. Hay momentos que la miopía se nota, pensás que tenés los brazos cortos y te alejás las cosas.

-¿Y cuánto fumás..?

-Mucho, fumo mucho, soy fumador, pero no es de ahora.

-¿Con qué te distendés?

-Me distiendo en mi casa, me pongo a charlar con mi mujer y mis hijos y se me va todo. Me gusta leer. Hoy tengo dos problemas. Primero, que soy corto de vista, uso anteojos y...

-Y segundo que sos DT de Boca...

(Sonríe) -No, no. Pero sí, tengo muchas cosas que hacer. El trabajo nuestro no termina aquí (refiriéndose al club). Tenés que estar informado, no me puede sorprender nada de lo que pase. Ahora llego a casa y repaso los medios, mañana me levanto y los repaso. Hoy tenemos Internet, que no deja de ser un adelanto tremendo y querés saber qué pasa en España, Chile, México y uno se vuelve un poco esclavo. Es como el celular. Hay tres adelantos que me sorprenden: Internet, el celular y el Viagra. Son cosas que consumiré hasta el final (sonríe).

-¿Por qué decidiste ser DT? Tras el retiro, intentaste ser representante, pero duraste pocos meses.

-Mi gran pregunta, que no la sé responder aún, es si soy entrenador o formador, están las dos cosas en una. Hay entrenadores que no les interesa formar, que buscan el resultado inmediato sin importarle el después. Ahí es cuando yo estoy en contra de que hay jugadores desechables. A pesar de que son cosas personales, me gusta saber si estudian, si son casados, separados, si tienen hijos... Me considero más un formador que un entrenador. Me gusta que el jugador diga "este tipo se preocupa por cosas más de lo que me enseñó".

-¿Podés disfrutar dirigiendo?

-Sí, disfruto con el progreso de los jugadores. Ver al Chuco Sosa recuperado, compuesto, me da un orgullo tremendo. Ver a Chupete Suazo, a Matías Fernández, a un montón de jugadores. Cuando llegué a Argentinos, Juan Sabia era completamente desechable y hoy es aplaudido. Son los pequeños grandes desafíos que tengo en el trabajo. Crucificar a alguien es muy fácil, decir "Te saco y te mato". Me gusta ver los momentos. No puedo ser irresponsable.

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