jueves, 7 de julio de 2011

Un desencanto previsible

Desde esta columna lamentablemente pecamos de optimistas hace unos días atrás luego de la igualdad ante Bolivia. La Selección volvió a reunir a sus fantasmas, esta vez en Santa Fé, para alargar el mal arranque en la Copa América donde es anfitrión y así se obliga a ganar ante el débil combinado de Costa Rica que dirige Ricardo Lavolpe.

Sería muy fácil -y repetitivo- analizar y enumerar las fallas del equipo y del cuerpo técnico. La coyuntura exige ir más allá y entender que este presente es posible gracias a la improvisación y manejos caprichosos desde el seno de la AFA, donde Julio Grondona y Carlos Bilardo se las han ingeniado para colocar en puestos claves de dirección en las selecciones nacionales (mayor y menores) a personal incompetente en estas funciones. Los resultados están a la vista, no hace falta mencionar la seguidilla de cachetazos y actuaciones decepcionantes que han manchado a la camiseta albiceleste.

Bajo la bandera de “los campeones del ‘86” comandados, por supuesto, por aquel DT Bilardo quien hace las veces de Director de Selecciones Nacionales, se ha pasado de profesionales con pergaminos y méritos suficientes, que le daban la merecida jerarquía a la Selección Argentina, como José Pekerman y Marcelo Bielsa, a esta actualidad de iletrados en la cuestión como Walter Perazzo, Oscar Garré, José Luis Brown y Sergio Batista, pasando también por Diego Maradona, Alejandro Mancuso y Oscar Ruggeri.

El padre de la criatura que tiene que sufrir la patria futbolera es Julio Grondona de quien nadie se acuerda, por ahora, dentro de un campo de juego si medimos el insultómetro de la gente, no podemos olvidarnos de él y marcarlo como máximo responsable de esta penosa actualidad.

La confianza del plantel está por el piso, bastaba ver la cara de impotencia del mejor jugador del mundo. El cotejo ante Costa Rica será clave en las aspiraciones de la Argentina, que algo extraterrenal ilumine a esta Selección porque de planificación y capacidad mejor olvidarse.

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