jueves, 27 de octubre de 2011

Xavi Hernández, sinónimo de ‘tiqui-taca’

Si elaborásemos una lista de los jugadores más infravalorados de forma injusta en ella aparecería sin duda Xavi Hernández. Merece un tributo al representar como nadie las dos escuelas más exquisitas del panorama futbolístico actual (Barcelona y Selección española).

Su fútbol carece de la vistosidad de Leo Messi, pero quizás la ‘Pulga’ no tendría tanto reconocimiento sin un jugador de su calibre al lado. Echando la vista atrás es difícil recordar un partido en que pudiéramos catalogar su actuación como nefasta o simplemente mala, lo que le convierte en una continua apuesta de fútbol. ‘Como se puede jugar tantas veces tan bien al fútbol’, decía Kiko Narváez, ex jugador del Atlético de Madrid y de la selección española. No le falta razón. Xavi hace de la complejidad la sencillez más absoluta: dirigir el Barcelona y el combinado nacional. Posiblemente cuelgue las botas con muchos más títulos colectivos, pero ninguno individual a la altura de un Balón de Oro.

No, porque siempre habrá un delantero que marque más goles o una estrella con algún regate que levante al público de sus asientos. Su misión no es tan llamativa a ojos del espectador, pero tiene tan o más relevancia que cualquier otra función dentro de un equipo. Está en la sala de máquinas desde donde nace y surge el ‘tiqui-taca’. Un estilo inconfundible cargado de pases con la presión milimétrica de un aparejador, capaces de superar la presión de cualquier defensor.

Experimentos para cerrar el grifo de su inspiración ha habido de todos los colores, aunque ninguno tan llamativo como el que empleó Hugo Sánchez en el Almería. Harto de los estragos que le causaba en su defensa, un buen día le colocó un perro de presa persiguiéndole por todo el largo y ancho del campo. Medida que resume la desesperación que puede causar en los rivales.

Al carro de los elogios se suman cada vez más admiradores que desconocen lo duros que fueron sus inicios. Después de un ciclo tan glorioso como el de Pep Guardiola, nadie creía capaz a un por entonces canterano cargar con el peso de la piedra filosofal culé. La presión de las comparaciones hizo mella en un Xavi menos maduro, hasta el punto de plantearse su salida del Barcelona. Ahora nadie se imagina el proyecto sin él.

Hace tiempo que el cuerpo le pide un descanso. Los talones de Aquiles le provocan constantes dolores con el riesgo de romperse en cualquier instante. Pero mientras el resto rota, él juega porque para que Barcelona practique su futbol hay una pieza fundamental e insustituible: Xavi Hernández.

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