miércoles, 9 de noviembre de 2011

La gente ya lo sabe

Compartimos con nuestros lectores una imperdible columna que el periodista Pablo Vignola realizó para el medio MAS ROJO analizando la coyuntura del Club Atlético Independiente de cara a las elecciones que se llevarán a cabo el 18/12/2011.

Desde este blog, de más está decir que acordamos el 100% de las reflexiones de este gran periodista que se desempeña en Diario Popular, es de los que pocos quedan en los medios vernáculos que corren tras la primicia amarillista del día, sin el más mínimo rigor periodístico que permita abrir la mente a los lectores.

Aquí la nota:

Es en la más tierna niñez cuando uno descubre a los primeros personajes dignos de admiración y que, por algún mecanismo selectivo individual, los ubica en el pedestal de ídolos.

A mí me pasó que, junto a Bochini y Bertoni (los apellidos que repetíamos cuando tirábamos paredes con el cordón de la vereda en los primeros picados de barrio) también estaba el póster de Radiolandia 2000 de Guy Williams, El Zorro. Y seguramente haya sido Diego de la Vega el principal responsable de que, algunos años más tarde, a través del periodismo encontrara un espacio para ponerme al servicio de la verdad, principal sustento de la justicia.

Hace un tiempo, El Zorro llegó a la pantalla grande, interpretado por Anthony Hopkins. Una versión diferente al personaje de Walt Disney pero manteniendo la misma esencia. En esta película, el principal enemigo de El Zorro es Rafael Montero, un dictador que entre otras fechorías se había apropiado de la hija de De la Vega cuando era un bebé. Veinte años más tarde, de regreso en California, De la Vega recupera a su hija cuando ella, sin que nadie le confesara la verdad, poco a poco la deduce y se da cuenta de quién es su verdadero padre. Es entonces cuando Don Diego (Hopkins), apresado una vez más por Montero, lo mira a los ojo y le grita: “Rafael… ella ya lo sabe”.

Toda esta introducción no es más que para hacer referencia a esa frase de El Zorro y ubicarla en este presente de Independiente. Durante los últimos seis años (más la yapa previa) en el club que alguna vez fue ejemplo mundial, han pasado muchas cosas. La mayoría de ellas, malas. Y todas se trataron de esconder; se compraron medios de prensa, se persiguió a los que no les ponen precio a su dignidad y se creó una realidad alternativa con la que se intentó (y se logró) disfrazar la verdad; tapar el sol con las manos. Pero una tarea semejante no se puede sostener por mucho tiempo. Más tarde o más temprano, la verdad aflora. Siempre.

Hoy, por más confusión que se haya sembrado, podemos parafrasear a El Zorro y decirles en la cara a los forajidos que destruyeron el club que “la gente ya lo sabe”. Podrán seguir mintiendo, podrán seguir teniendo a su disposición prensa que se ría de sus peinados con gel y que siga profanando la sagrada profesión del periodismo sin cuestionar las atrocidades que se han cometido a lo largo de muchos años de gestión; podrán inventar discursos floridos, podrán recurrir al miedo para instalar que son los únicos capaces de evitar el desastre, podrán rodearse de matones para callar la voz del hincha genuino que infló el pecho y se puso de pie para defender colores que les pertenecen, podrán ir en busca de una cara nueva como la de Cacho Alvarez para agitar las aguas y así seguir favoreciendo las ganancias de los pescadores de su entorno que desde hace mucho aprovechan el río revuelto. No importa lo que hagan, la gente ya lo sabe. La gente, los de Independiente y los que no lo son, ya conocen la verdad.

Incluso podrán ganar  las elecciones del 18 de diciembre, porque una de las ramificaciones de la mentira es la estafa. Pero nunca van a poder escaparse de una verdad diez veces más grande que el estadio que nunca terminaron, y que, como las casas de las películas de Hollywood, sólo tuvo una fachada para mostrar a las cámaras de televisión. Un estadio proyectado para completarse en dos años y ser sede de la Copa América 2011 y financiarse con la tercera parte de la venta del Kun Agüero, y que sin embargo no pudo terminarse, pese a haber sido los dirigentes más ingresos económicos (por escándalo) tuvieron a lo largo de toda la historia del club. Nunca en Independiente entró tanta plata; nunca Independiente estuvo tan endeudado. Nunca Independiente compró tantos jugadores; nunca Independiente tuvo tan comprometida su categoría. Nunca ocurrieron tantas cosas que transformaran a Independiente en el club que nunca imaginamos ver.

Un poeta inglés escribió una vez: “La traición nunca prospera ¿cuál es el motivo? Que si prospera, nadie la llama traición”. En Independiente no prosperó y la historia va a señalar con un implacable dedo acusador a todos los traidores. Probablemente no les importe mucho; si no les importó mancillar al club ni a los colores que desde chicos a todos nos hacen querer como parte de nuestra identidad ¿por qué les va interesar que la gente sepa que no tienen honor, ni respeto, ni dignidad? Probablemente dejen como herencia una sólida posición económica, pero los valores que entregaron en la operación no los van a poder comprar nunca más.

Y por suerte, la gente ya lo sabe.

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