viernes, 6 de enero de 2012

Ni la gripe puede con Messi

Messi aterrizó en Barcelona 48 horas antes del duelo copero frente a Osasuna. Cualquier otro hubiera quedado automáticamente descartado con tan poco tiempo para preparar el encuentro. A él siempre se le concede el beneficio de la duda. Llamémoslo también privilegios por eso de ser único.

Lo que nadie intuía es que el mismo día del partido un virus gastrointestinal afectaría a tres miembros de la plantilla Valdés y Abidal, además de a la Pulga. Por la mañana su nombre no aparecía en la convocatoria hasta que bien entrada la tarde se produjo una llamada inesperada. Messi contactó con Pep Guardiola, comunicándole que los síntomas de la gripe eran historia. Resultado: cambio de planes del de Santpedor. Le incluía in extremis entre los elegidos para las apuestas por la Copa del Rey, aguardando su oportunidad en el banco.

Los dos goles de Cesc daban al Barça una ventaja cómoda, pero no definitiva. Entonces Pep miró a la banda y de entre todos los que calentaban optó por su ojito derecho. Antes de llegar a la altura del banquillo del Barça el argentino se cruzó con Mendilibar, técnico de Osasuna, que le espetó algo así como: "¿Pero tú no estabas malo?" Messi sonrió pícaramente. Lío al canto.

Osasuna no entiende de remedios milagrosos porque el diez jugó al nivel superlativo de siempre, sin atisbos en sus serpenteos de gripe alguna. Para más inri en apenas 32 minutos sobre el césped del Camp Nou hizo un doblete sentenciando la eliminatoria en la ida de estos octavos de final, 4-0 fue el resultado final.

Ni la gripe puede con él. Mientras Valdés y Abidal reposaban en casa ingiriendo antibióticos, Messi probaba la medicina alternativa, efectiva sólo con los genios que miman la pelota. Jordan ganó un anillo de la NBA con décimas de fiebre como el argentino encarriló el pase a cuartos, donde presumiblemente esperará al vigente campeón, el Real Madrid.

La incongruencia inicial del caso despertó en rueda de prensa la ira del bando navarro. Guardiola no quiso jugar al despiste, simplemente es un hombre práctico. Si el mejor jugador del mundo le dice que después de todo se encuentra en condiciones de ayudar al equipo, pues haría lo que cualquier otro si tuviera la suerte de contar con el astro culé, convocarle ni más ni menos.

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